Decimos que hay rendición de cuentas cuando se cumplen tres condiciones: información, justificación y castigo.Transparencia, – rendición de cuentas

+ Transparencia, – rendición de cuentasJuan Ciudadano
10 Dic. 07
Decimos que hay rendición de cuentas cuando se cumplen tres condiciones: información, justificación y castigo.
Sería necio negar que entre el 2000 y el 2006 no hubo un crecimiento importante en la información disponible, a todos los niveles, sobre la educación en México: desempeño de estudiantes, maestros, escuelas, estados y el País en su conjunto.
Pero frente a la creciente disponibilidad de información, es un dato confirmado que el estancamiento educativo permanece. Estamos en México en una situación extraña en la que las diferentes fotografías sobre el estado de la educación, las de paisaje y las de detalle, muestran el mismo desastre, pero estas imágenes no se han convertido en acicate del cambio.
Ni las autoridades de la SEP, ni el sindicato de maestros, se sienten obligados a dar una explicación -justificar- que corresponda con la gravedad del problema. Tampoco se han tomado medidas encaminadas a enderezar el rumbo con sentido de urgencia.
En otras palabras, tenemos un sistema educativo razonablemente transparente, pero sin rendición de cuentas. El mensaje que la sociedad ha recibido de los responsables de la educación en México es el siguiente: “¿ven el batidero?… para nosotros no hay bronca”.
El Presidente Felipe Calderón está en la coyuntura precisa para decidir si le seguimos por donde mismo o tomamos el toro por los cuernos.
Por parte de quienes forman parte del círculo cercano a Elba Esther Gordillo tuvimos, la semana pasada, variadas estampas del cinismo con respecto a los pobres resultados de México en la prueba PISA de la OCDE.
Ahí está por ejemplo el caso del partido Nueva Alianza que, estando conformado en buena medida por maestros cercanos a la dirigencia del SNTE y teniendo como misión -se supone- hacer de la educación pública el tema central de su agenda legislativa, no parecen haberse sentido aludidos por los resultados de la prueba internacional dada a conocer la semana pasada.
La prueba PISA tuvo la mala suerte de darse a conocer la misma semana en que se discute una ley electoral, materia en la que los legisladores de Nueva Alianza sí se han involucrado, dedican toda su atención y ya opinan como expertos en materia electoral.
La senadora Irma Martínez Manríquez, maestra normalista, colaboradora cercana al secretario general del SNTE e integrante de la Comisión de Educación del Senado, en la semana en que se dan a conocer los resultados de PISA, prefirió hacer alarde de su dominio de la discusión en torno al Cofipe y de su capacidad para citar acuerdos internacionales en materia electoral. De la prueba que pone en evidencia nuestro atraso educativo, nada, el tema no parece merecerle una reacción.
Emilio Zebadúa, colaborador cercano a Elba Esther Gordillo, defendió la idea de que el salario de quienes intervienen en el proceso educativo debe ser independiente de los resultados obtenidos en las pruebas de aprovechamiento. Rechazó también que el SNTE -el sindicato único de maestros-, tenga responsabilidad alguna en que México esté reprobado.
Ahí está el secretario general del Sindicato, Rafael Ochoa Guzmán, que en lugar de poner atención a las mejores prácticas identificadas por la OCDE, en aquellos países que han sido capaces de mejorar de manera importante de una evaluación PISA a la siguiente, prefiere insistir en automedicarse soluciones.
La experiencia de los países que más crecieron en la prueba PISA apunta a darles poder de decisión a los directores y a garantizar su libertad para contratar maestros; pero a la par, propone ligar los incentivos económicos al desempeño académico de la escuela.
En México, el secretario general del Sindicato de Maestros dice que lo que se necesita son escuelas de tiempo completo, ampliar el horario escolar y una norma oficial mexicana de calidad educativa. Estos objetivos pueden sonar bien, pero no han probado estar directamente vinculados al mejor desempeño de los estudiantes en matemáticas, lectura y ciencias.
Mientras en otros países los pobres resultados de PISA llevaron a planes de “shock”, acá seguimos justificándonos con excusas como: “el contexto es diferente”, “el cambio es gradual”, “la prueba no mide todo”.
Transparentar nuestra quiebra educativa sin que nadie sea castigado por ello y sin que se tomen medidas drásticas, es la fórmula para perpetuar el cinismo.
Mientras la transparencia en la educación no sea complementada por rendición de cuentas, seguiremos en la tercera división entre los países.
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