El magisterio: entre ser y estar

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06 septiembre 2012

No es sencillo explicar las diferencias que implica el uso de los verbos ser o estar. De acuerdo con la RAE, la distinción entre ambos está asociada no sólo a la atribución temporal de características que pueden ser transitorias o permanentes, sino a la descripción esencial de un sustantivo o su estado físico y espacial. De modo que si pensamos en las maestras o los maestros que conforman el magisterio dedicado a ofrecer educación pública básica en nuestro País, no está de más preguntarse si es posible definirlos por lo que son o por cómo, dónde y por qué están.

Para analizar el caso de las y los maestros de Educación Básica en México, parece inevitable dejar a un lado la pertenencia sindical que en parte los define. Aceptando que los sindicatos son sin duda un elemento de la vida democrática de una sociedad, habremos de aceptar que son un bien necesario, pero que la falta de rendición de cuentas y la corrupción con la que su cúpula se hace llegar de recursos y los distribuye distorsiona la visión de organismo democrático que implicaría su naturaleza.

Comencé por recorrer este laberinto lingüístico después de haber presenciado y suscrito la convocatoria de varias organizaciones de la sociedad civil para reiterar la exigencia de contar con un padrón de maestros y además pedirle al secretario de Hacienda que para el próximo presupuesto anual de la federación no se otorgue un solo peso para apoyar las comisiones y licencias de los maestros. Las razones son varias y evidentes: basta ver los resultados recién publicados de ENLACE en la que la mitad de los estudiantes de tercero a sexto de primaria, y 70 por ciento de los que cursan secundaria, tienen niveles de conocimiento insuficientes y elementales.

Podemos también calcular el impacto educativo que tendría el uso de los recursos destinados a los “maestros” comisionados si se reenfocara a otras políticas públicas prioritarias. Y para no ir más lejos, ni siquiera existe fundamento legal que dé sustento al otorgamiento de estos recursos públicos para financiar comisiones o licencias otorgadas por los sindicatos educativos.

La propuesta de la campaña “¿Dónde está mi maestro? Fin al abuso” es que los recursos asignados para el pago de los comisionados sindicales se utilicen para la capacitación y un plan de estímulos en beneficio de los buenos maestros que sí están frente al salón de clase. Tanto la exigencia del padrón como la propuesta de reasignación de dineros son importantes y necesarias. Sin embargo, considero que concentran la definición del magisterio en la significación del estar sin atender a fondo la significación del ser.

El problema del estancamiento y la crisis permanente de nuestro sistema educativo, sin que sea el único, está enraizado en la idea que tenemos de qué es y quién es un maestro. Parece que nos damos por bien servidos si el maestro asiste y su remuneración corresponde realmente con su registro de clases otorgadas. Estos requisitos alcanzan sólo para robustecer los datos numéricos que nos garanticen su ubicación, pero no necesariamente su calidad ni mucho menos su incidencia docente sobre el aprendizaje.

La clave está en retomar la significación de la esencia y no sólo la de la presencia del maestro. Si la intención de darle un vuelco radical y de largo plazo a los raquíticos resultados de aprendizaje es visionaria, debemos enfocar nuestros esfuerzos a la conformación de un sistema que profesionalice a los maestros y redefina su identidad independientemente de su pertenencia al sindicato. De modo que si existiera un número razonable de maestros comisionados o con licencia —hoy no es el caso— podamos confiar en que la asignación de su estatus correspondió a un proceso explícito y justo realizado por un órgano colegiado autónomo que lo avaló.

Esto implicaría que se sumaran no sólo las voluntades de ciudadanos y de organizaciones que desde hace más de un año hemos llamado a la promulgación de un marco legal que ponga en el centro el desarrollo magisterial y el aprendizaje de los alumnos. Es buen momento para que quienes se estrenan o reestrenan como legisladores afronten el reto de legislar para que definamos al magisterio mexicano por su desempeño en las aulas y por sus logros en la enseñanza. Con un servicio profesional del magisterio en el que las cúpulas sindicales no tengan injerencia, sabríamos no sólo dónde están nuestros maestros, sino quiénes son.

Maite Azuela

@maiteazuela

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