Pandora en Baja California

07 de Mayo del 2006- Antonio Magaña es periodista y comentarista de televisión.

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Con los ojos de un náufrago, Víctor Manuel Vázquez Fernández presenció el desfile del primero de mayo. Sentado en el centro del estrado, la cabeza del Poder Judicial contempló la agitada marcha proletaria con sus reclamos, demandas, agravios e incendiarias arengas reivindicatorias.

Encaramado en las alturas, observó la interminable columna de rostros sudorosos y crispados por la desesperación. Ahí se enteró que un grupo de muchachos vestidos de negro, de los llamados anarquistas, a quienes vio desfilar unos minutos antes, habían bloqueado la Garita Mexicali-Calexico.
En lo alto del templete escuchó la advertencia de los líderes del Colegio de Bachilleres, de hacer estallar la huelga si no se cumplían sus demandas laborales.

Desde ahí también oyó el anuncio que el líder de los taxistas, Fermín Vega, le hizo al ciudadano Gobernador, de cerrar la Garita al día siguiente si no se reducían los precios de las gasolinas.

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Las anunciaciones se cumplieron con creces: Los taxistas bloquearon la ‘Línea’ internacional, las calles de acceso al Centro de Mexicali y las entradas y salidas de las instalaciones de Pemex; dejaron a la capital del Estado sin combustible y, antes de que finalizara la semana, los empleados del Cobach estallaron la huelga.

A pleno sol y terminada la procesión de los lamentos, el presidente de la tremenda Corte sintió hambre e instintivamente se dirigió a un restaurante de comida sonorense, en donde engulló frijoles chinos, carne, tortillas de harina y bebió un vaso de vino negro que, al verterlo en las entrañas, le hizo olvidar las consignas de la turba.
Mientras comía, se puso a pensar en las ausencias del Procurador y del Secretario de Seguridad durante el desfile: Ambos metidos en una vorágine de violencia e incertidumbre, incapaces de frenar la atroz marea delictiva y de garantizar la tranquilidad y el orden, que la gente requiere para vivir y convivir libremente.

Pensó en las ejecuciones entre policías, en el violentísimo atentado en contra del secretario de Seguridad, Manuel Díaz Lerma, quien paradójicamente fue víctima de la inseguridad; pensó en la violencia desbordada y en la impunidad que reina gracias a que el Gobierno del cual forma parte, la ha potenciado.
Cayó en cuenta que la inseguridad no se va a acabar con más armamento ni carros blindados, ni con gabardinas ni cobijas antibalas para proteger a los funcionarios. A media tarde veía con preocupación que Baja California vivía su peor crisis en materia de seguridad pública, fruto de una mezcla de corrupción policiaca, impunidad y descomposición de los aparatos de justicia y seguridad.
Como juzgador sabía que la inseguridad y la delincuencia no eran fenómenos producidos por generación espontánea, sino un engendro parido de los entresijos más negros y profundos de esa descomposición social, que hizo crisis frente a las narices de un gobierno insensible e incapaz de atenuar la insultante desigualdad social.
No eran casuales los bloqueos de las carreteras ni de las Garitas, ni de las plantas distribuidoras de combustibles; ni las manifestaciones de taxistas y maestros; ni la huelga de trabajadores del Cobach, ni las protestas de asalariados y colonos inconformes con las condiciones sociales imperantes.
La delincuencia creciente e imparable, que reta y se burla del Estado, no es producto del azar; tampoco los conflictos de aquí y allá, a los que el Gobierno acude cuando se inflan y estallan. No surgieron aislados el deterioro y falta de respeto a las instituciones, ni la sarta de pleitos en el Instituto Estatal Electoral, en el Tribunal del Justicia Electoral, en el Poder judicial, en el Congreso, entre las Policías, en la administración pública estatal y al interior de los Partidos políticos.
¿Complot?… ¿Crisis de gobernabilidad?… ¿Desmantelamiento de la autoridad?… ¿Falta de Gobierno?… ¿Será el caos de Ovidio Nasón? ¿Será el Gobierno una masa sin formas, un conjunto inerte y confuso de elementos mal combinados, un espacio tenebroso y deformado? ¿Será un caos?
¿Será que vivimos en la edad de hierro, cuando los males escapados de la Caja de Pandora acabaron por infestar y dominar el mundo?… ¿Será que el Gobierno de Baja California alimenta esos males, que en tropel nos inundan?… ¿Por qué huyeron la concordia, el respeto y la buena fe? ¿Por qué, en su lugar, reinan ahora el fraude, el artificio, el narcotráfico, la violencia, la rapiña, la impunidad, la traición y la sed por el dinero fácil?…
Reinan los males de la Caja de Pandora; sólo queda en la Caja la Esperanza, único y postrer recurso de los mortales… ¿O ya se le habrá escapado a la Pandora?… pensó Víctor Vázquez Fernández, en el momento en que su día de asueto se hacía polvo.
*****
Refilón: ¿Qué va a hacer el Gobernador con la Secretaría de Seguridad Pública?…
El colmo: Hasta una campana se robaron de una iglesia de Tecate.
El tiempo pasa: A un año y medio de que concluya el gobierno del licenciado Eugenio Elorduy… ¿habrá esperanza de que las cosas se compongan?…

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