Las perversiones de la carrera magisterial

Las perversiones de la carrera magisterial Carlos Ornelas 07-May-2008 La primera fue que el gobierno cediera en sus afanes de crear un sistema para reconocer y pagar mejor a los maestros meritorios. En mi entrega de la semana pasada aventuré que la meritocracia subvierte al corporativismo del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. Una maestra de Colima comentó mi artículo y apunta que le concede mérito a mi argumento, que observa cómo ella y sus compañeros de trabajo cada vez se sienten más ajenos al SNTE y cómo buscan la superación profesional y personal por su propio camino. Su carta es extensa, denuncia abusos de los dirigentes locales. Me criticó porque ella pensó que, cuando me refería a los mecanismos meritocráticos, aludía a la carrera magisterial (CM).

En su discurso en Zinacantepc, del 5 de marzo pasado, la presidenta del SNTE, Elba Esther Gordillo, sentenció: “¿No podremos, de veras, atrevernos a cambiar —a corregir, diría yo— la perversión de carrera magisterial?” La maestra de Colima y la dirigente sindical coinciden en que ese esquema, que se suponía debería recompensar a los docentes meritorios, en realidad beneficia a aquellos que se dedican a tomar cursos, pero no se les nota ninguna influencia positiva en las aulas, al contrario. Según mi corresponsal colimense —e informes de investigación que he leído—, otorgar el estímulo monetario a maestros que no lo merecen enerva las relaciones entre los docentes en las escuelas.

Cierto, en mi artículo de la semana anterior apunté que la meritocracia toma carta de naturalización en el gremio de los normalistas, pero no me referí en ningún momento a la CM. Coincido con la profesora de base y con la dirigente: la CM es un esquema que se pervirtió. Además, desde su origen.

Los docentes de educación básica y los investigadores de la educación dominan el concepto de CM. Presumo que no todos los lectores lo conocen. Permítaseme, pues, ofrecer una descripción breve. La carrera magisterial es un esquema que pretende revalorar la profesión docente por medio de incentivos económicos y morales. Surgió como uno de los instrumentos que se aprobaron con la firma del Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica, en mayo de 1992.

Los profesores que deseen pueden inscribirse para ingresar a la CM. Se toman en cuenta cinco factores: antigüedad, grado académico, cursos de actualización, preparación profesional (mensurada por medio de exámenes a los docentes) y desempeño profesional. La SEP y el SNTE acordaron cinco niveles, del A al E, con ingresos adicionales que van de 27% a 224% del salario profesional que, además, se acumulan para el retiro. El nivel de ingreso inicial es el A y deben pasar dos a tres años, dependiendo si el maestro trabaja en áreas rurales o urbanas. Para la promoción a los niveles C, D y E, los docentes de zonas citadinas deben haber trabajado al menos cuatro años en el nivel anterior.

El diseño original de la CM sí era meritocrático: el gobierno de Carlos Salinas quería que la CM recompensara nada más a los maestros frente a grupo, pero el SNTE, ya comandado por Elba Esther Gordillo, quería un escalafón horizontal, administrado por el sindicato. El entonces secretario de Educación Pública, Manuel Bartlett, resistió la presión por un tiempo, pero Salinas lo removió. El SNTE después forzó a que se crearan las vertientes: la primera, para esos docentes; la segunda, en el caso de los directores y de los supervisores y, la tercera, para los apoyos técnico pedagógicos.

La primera perversión fue que el gobierno cediera en sus afanes de crear un sistema para reconocer y pagar mejor a los maestros meritorios. La segunda, que aceptó que se creara una comisión SEP-SNTE para administrar la CM (y al poco tiempo ya era SNTE-SNTE). La tercera, que en las primeras evaluaciones todos los docentes alcanzaban el puntaje máximo en el factor de desempeño profesional. Otra, y más grave, que se creó una cuarta vertiente, ésta, clandestina. Fue para premiar a dirigentes sindicales.

En debates públicos, dirigentes sindicales me han acusado de mentir cuando menciono esta vertiente; los responsables de administrar la CM me han asegurado que no existe. Pero varios secretarios de Educación estatales me lo confirmaron. Hoy tengo documentos que me permiten poner el nombre de los dirigentes beneficiados (y los demás datos). Por ejemplo, en un oficio de la coordinadora nacional de la CM, Adela Guerrero Reyes (del 15 de marzo de 1995), dirigido a los coordinadores de varios estados, ordena que se les paguen retroactivamente, a septiembre de 1992, los beneficios de la CM a dirigentes conspicuos del SNTE como, Humberto Dávila Esquivel (entonces secretario general), Francisco Arriola Urbina (ex esposo de EEG), Rafael Ochoa Guzmán y hasta líderes de corrientes disidentes, como Miguel Alonso Raya. Al año siguiente estos profesores, que poco han estado en las aulas, fueron promovidos al nivel B, al margen de la norma.

Pienso que a la maestra de Colima le gustaría eliminar esas perversiones, pero estoy seguro de que Elba Esther Gordillo se refería a otra cosa, quiere un segundo piso para la CM e insiste en que sea un escalafón horizontal.

ornelasc@netvoice.com.mx

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