A quién le dan pan que llore: las laptops de la SEP

La entrega de laptops por parte de la SEP agravará el problema educativo de México, beneficiará mucho más a las empresas productoras de […]

Eduardo Andere  Viernes, 5 abril, 2013

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Como regalo de Pascua, el miércoles de Semana Santa la SEP corroboró la decisión de  obsequiar 4.5 millones de computadoras.

La política pública errónea

Cuando el mundo va por las decisiones técnicas de políticas públicas en lugar de decisiones políticas en la administración pública, y de los libros de texto a las tabletas y a los teléfonos “inteligentes”; y de las computadoras a las conexiones rápidas, anchas y confiables de Internet, nosotros regresamos al pasado con decisiones públicas no fundamentadas en investigación que implican miles de millones de pesos como es el regreso a una versión “2” de Enciclomedia. En este caso, en lugar de una computadora con proyector por cada salón de clase de 5º y 6º de primaria, como lo fue el fiasco de Enciclomedia, ahora será con una computadora “super laptop” para cada uno de los 4.5 millones de niños de los mismos grados en escuelas públicas. Quienes tuvimos la oportunidad de ver el paquete Enciclomedia en sus dos primeros años, después de tres o cuatro años parecían vejestorios, chatarra o trebejos de un taller de reparación de automóviles y viejos. Lo mismo sucederá con las laptops de la SEP.

El mundo no tiene evidencia de los resultados de la relación entre aprendizaje y laptops. Ni siquiera del mundialmente conocido y mercadeado programa de “una laptop por niño (ULPN)” (OLPC: One laptop per child).

En apariencia, el estudio más completo al respecto, fue realizado por investigadores auspiciados por el Banco Interamericano de Desarrollo y que los gurús tecnológicos del Banco Mundial citan y vuelven a citar en sus blogs especializados. Es un estudio del extenso programa de OLPC en Perú (902,000 laptops distribuidas a partir de 2008). Dicho estudio concluyó con lo siguiente: “No hay evidencia de que la utilización de computadoras haya aumentado la motivación de los niños en las tareas escolares. No encontramos evidencia que el programa haya tenido influencia sobre los hábitos de lectura. Finalmente, el programa no parece haber afectado la calidad de la instrucción en el aula. Una evaluación cualitativa paralela del programa sugiere que la introducción de las computadoras produjo, en el mejor de los casos, cambios modestos en las prácticas pedagógicas.

Además, como lo sugieren los autores del estudio, “aunque el programa aumentó enormemente el acceso a las computadoras (…) no se encontró evidencia de efectos sobre la matrícula ni el rendimiento académico en matemática y lenguaje.  Sin embargo, sí se hallaron algunos efectos positivos [aunque pocos, no suficientes para justificar el tamaño de la inversión] en habilidades cognitivas generales”.

En términos de implementación el programa de Perú se enfrentó con muchos problemas como el que casi la mitad de los niños no se llevaban la computadora al hogar (como era la intención inicial del programa y de la organización OLPC), ya sea porque los directores no los dejaban o porque los papás sentían responsabilidad del costo financiero en caso de daño o robo. El programa también se enfrentó con un fuerte incendio en los almacenes del ministerio de educación que destruyó decenas de miles de laptops.

En el mejor de los casos no existe evidencia sólida y consistente de los beneficios de este tipo de programas en la educación y menos en el aprendizaje de niños y jóvenes.

Las millones de computadoras que la SEP (es decir, cada uno de nosotros a través de los impuestos) obsequiará no son una laptop cualquiera. Según la descripción del proyecto de convocatoria registrada en la Secretaría de la Función Pública (SFP) y que se desplegaba en el Portal de la misma se trata de una “laptop” con características más estrictas y “lujosas” que las del modelo XO del OLPC.

Por lo tanto, uno debe pensar que el precio de las mismas será mayor a los 200 dólares americanos en que se vende la XO de OLPC. Supongamos sin conceder que el equipo será el de OLPC y que la convocatoria esté “acordada de antemano”. Si este fuese el caso, el gasto total por los 4.5 millones de computadoras sería de 900 millones de dólares americanos (es decir, 11, 250 millones de pesos de 12.50 por dólar). Sin embargo, si las laptop costaran más, digamos unos modestos 500 dólares por equipo (considerando que las especificaciones de software y hardware son en general más estrictas y “lujosas” que las de OLPC), el gasto total sería 2,250,000,000 de dólares americanos (es decir, 28,125,000,000 pesos al mismo tipo de cambio). Es un titipuchal de dinero que nos ayudaría a mantener a la UNAM por un año o más, o construir más de un par de plantas tratadoras de agua desperdiciada de uso humano o industrial, o varios kilómetros de metro o carreteras, o muchos más metro-bus, o varios hospitales, o mejores policías o mejores maestros.

El argumento tecnológico y la ciencia del aprendizaje

No hay marcha atrás en el uso de la tecnología para la vida cotidiana; eso incluye a las escuelas, los hogares, las empresas, los gobiernos, los comercios. Es como si se hubiese negado el arribo de la imprenta y la diseminación de los libros. La humanidad detonó con el libro “portátil” (como otros han sugerido) del Renacimiento. Se acabó con el monopolio de la producción monástica de los libros. La humanidad se liberó de muchas cosas, entre otras, de la escolástica, y del monopolio eclesiástico de la educación.

Ahora, la revolución en las tecnologías de información y comunicaciones (TIC) nos da otro empujón cuántico. Pero entonces y ahora, antes que el libro físico o digital, per se, es más importante aprender a leer. Y antes que la computadora per se es más importante aprender a usar la computadora; y aprender español, y aprender matemáticas, y aprender ciencia, y aprender arte, y aprender a aprender; y querer aprender y querer aprender a leer.

Sin estas habilidades, el tiempo dedicado al artilugio es tiempo sacrificado al desarrollo de otras habilidades que nos van a permitir utilizar mejor los artilugios. Por supuesto, una buena utilización del artilugio, nos permitirá aprender mejor otras materias, siempre y cuando uno sepa lo que hace cuando multiplica, divide, fracciona, lee, interpreta o escribe.

La computadora facilita el trabajo al cerebro, pero si el cerebro no trabaja, la computadora seguramente hará más lento y torpe al cerebro. Una computadora, como una calculadora, puede responder con mayor facilidad a la multiplicación 12 x 12 (144); pero un cerebro que no realiza las operaciones mentales para resolver ese problema puede estropearse, anquilosarse, por falta de uso; las neuronas y sus conexiones no usadas, disolverán el pegamento de la memoria y aniquilarán el aprendizaje.

“Google maps”,  “mapas”, y “Waze”, son maravillosos; nos resuelven el problema de pensar y buscar por dónde ir para llegar a nuestro destino. Ahora, todo es mucho más sencillo. Pero, cuidado, más poder de cómputo no significa más inteligencia, ni más aprendizaje.

El aprendizaje del cerebro todavía requiere esfuerzo. Todavía requiere saber (entender) lo que significa multiplicar y dividir; lo que es una comparación de cifras (proyección, tendencia o regresión); todavía requiere saber el significado literal y metafórico de las palabras, las frases, las oraciones, los mensajes. Una computadora no puede entender e interpretar el significado “A quien le dan pan que llore” aplicado a las laptops de la SEP; ni lo que Cervantes quiso decir con la expresión: “La mejor salsa del mundo es el hambre; y como ésta no falta a los pobres, siempre comen con gusto”. O la frase del mismo Cervantes: “la verdad (…) siempre anda sobre la mentira como el aceite sobre el agua”.

Todo eso es lo que tiene que ver con la ciencia del aprendizaje con algunos toques de neurología. Y los peligros aquí apuntados de una errónea política pública sobre el cerebro y el aprendizaje al regalar, así como así, computadoras.

Política pública: regalar o repartir libros y computadoras

Lo más criticable es la interpretación lineal de lo que aquí cuento. Los responsables de política pública saben, porque lo leen o les han dicho, que los estudiantes que obtienen resultados más altos en pruebas estandarizadas son quienes dicen contar con más libros en casa o con más acceso a las TIC. Es muy probable que esto sea cierto. Pero decir que los estudiantes de más altos resultados en estas pruebas tienen más libros y computadoras, no quiere decir que repartir libros y computadoras haga mejores estudiantes. El cambio de las palabras afecta el resultado. Por tanto, esta no es la política pública a seguir.

La variable libros y acceso a las TIC es una variable condicional: condicionada a que los libros se lean y se entiendan y las computadoras se usen y usen bien. Porque si fuera cierto que tener un libro o una computadora en casa sea la panacea para la ignorancia, bueno, pues cerremos todas las escuelas, despidamos a todos los maestros de todas las aulas de México (y del mundo también) y enviemos paquetes de cien libros a las casas, y computadoras o laptops a cada niño, joven y padre de familia, y asunto resuelto. Ojalá fuera así de sencillo: el libro no existe hasta que se lee; y la computadora no existe hasta que se usa bien.

Quiero cerrar esta breve artículo con una estupenda frase, escrita por expertos en el tema para la UNESCO que sintetiza elocuentemente el resultado de evaluación académica de la relación entre tecnología y educación:

La tecnología es sólo un instrumento: ninguna tecnología puede arreglar una mala filosofía educativa o compensar por una mala práctica. De hecho, si vamos en la dirección equivocada, la tecnología nos llevará ahí más rápido.

La entrega de laptops por parte de la SEP agravará el problema educativo de México, beneficiará mucho más a las empresas productoras de artilugios o programas de cómputo que a las escuelas y los hogares. Es tiempo de dar marcha atrás. Es mejor decir “me equivoqué” que utilizar los recursos públicos escasos en gastos inútiles. Por encima de la política y los intereses de grupo o empresariales deben estar los niños y jóvenes.

Para una versión más completa y de corte más académico, por favor visite: http://eduardoandere.net/publicaciones/articulos/columnas-periodisticas/index.html

A quién le dan pan que llore: las laptops de la SEP | Educación a Debate

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